La que me dio la vida
A mis amigos, amigas y colegas
Esta carta hubiera deseado no tener que escribirla, pero en la vida hay que enfrentar momentos difíciles y hoy me ha tocado a mí. A través de estas líneas quiero agradecer sus oraciones, sus muestras de amistad, de hermandad, sus llamadas, sus mensajes de solidaridad para mí y para mi familia.
Me ha tomado tiempo escribir, porque así ha costado tratar de acostumbrarme a esta nueva realidad. Como saben el pasado 30 de junio mi madre cambió de morada y regresó a su Casa para descansar en los brazos del Señor.
Muchos me decían o escribían que no tenían palabras para expresarme su solidaridad en estos momentos y hoy yo digo que no alcanzan las palabras para explicar lo que se siente. Como saben, mi madre debía ser sometida a una cirugía de corazón abierto. Había compartido con ustedes esa petición de oración y se hicieron cadenas de oración en muchos lugares pidiendo la intervención divina. Nunca pensé que esas oraciones serían para fortaleza de la familia, ya que el Señor había decidido llevarla a su morada eterna.
Mi madre resistió la operación. Llegó a salir del quirófano y presentar un cuadro estable en el área de cuidados intensivos. Mis hermanos, mis cuñadas y yo pudimos verla salir del quirófano y luego verla ya instalada en la unidad de cuidados intensivos, con todas las maquinarias normales para un proceso de esa magnitud. La vimos bien y nuestros corazones saltaron de alegría al comprobar que mami había resistido. Nos abrazamos y alabamos al Señor.
Luego de asuntos de rigor en el hospital nos retiramos para regresar a la próxima hora de visita. Cuando estaba llegando a mi casa recibimos llamada del hospital que nos pedían regresar porque el Doctor quería hablar con nosotros. Esa media hora de regreso al hospital fue de una angustia tremenda. Mi hermana y yo no hablamos en todo el trayecto. En nuestras mentes buscábamos alguna razón para esta llamada.
Llegamos al hospital y no nos daban información, hasta que salió el Doctor. Sus primeras palabras fueron: “tengo malas noticias para ustedes”. Comenzó a decir que de manera inexplicable había comenzado a bajar la presión y los medicamentos que le aplicaban no lograban estabilizarla. La llevaron nuevamente a sala de operación y buscaron para ver qué estaba provocando esa situación y no encontraron ninguna complicación que lo explicara. Nosotros estábamos en espera que nos dijera que su condición se había complicado, pero en ese momento llegaron las palabras más dolorosas que he escuchado en mi vida: “No puedo explicar, ni entender de qué murió tu mamá”. El mundo se desplomó, sentí que algo se desprendía de mí y una terrible sensación de vacío se apoderó de nosotros. Es difícil, muy difícil de expresar y aún más difícil de aceptar.
Nosotros sabemos que mi mami no sufrió, sabemos que está en un hermoso lugar, que ya no hay dolor, no hay preocupaciones, que descansa en paz, pero lloramos su ausencia. Nuestras lágrimas no son de remordimiento, porque fuimos amados y amamos a nuestros padres. Amor que expresábamos constantemente con palabras, besos, abrazos, pero sobre todo con hechos. Nuestras lágrimas tal vez sean de egoísmo porque no la tenemos físicamente entre nosotros.
Es hermoso y sirve de consuelo saber y tener la certeza, sin lugar a dudas, de dónde está nuestra madre. Esa misma certeza que tuvimos cuando papi y mi hermano partieron en el 2004.
Mi madre conoció al Señor a la edad de 14 años. Desde ese momento dedicó su vida de manera incondicional al servicio de nuestro Dios. Fue líder en su iglesia, en su región y luego a nivel de la isla. Primero líder de jóvenes, luego de damas. Fue maestra del Instituto Bíblico y al casarse con mi papá fue el complemento perfecto para el pastorado. Pastora, no por ser la esposa del Pastor, sino por derecho propio. Siempre respetó y apoyó el ministerio de mi padre, nunca intentó competir con él, y mi padre siempre admiró, reconoció y apoyo el ministerio y liderazgo de mi madre. Juntos pastorearon por casi 40 años.
Mi madre esencialmente tímida, su timidez se disipaba cuando comenzaba hablar sobre el evangelio. Una predicadora dinámica, enérgica porque no se cansaba de resaltar el amor de Dios en su vida. Una vida con una niñez muy difícil y precaria, hasta con maltrato, pero la llegada del Señor a su corazón curó todas las heridas. Por eso vivía agradecida.
En los servicios fúnebres me tocó leer una reseña sobre su vida que ella misma escribió hace algunos años. Con su estilo peculiar y jocoso narraba los momentos más significativos de su vida. Esa reseña inicia con una frase clave: “Dos cosas rigen mi vida: mi famillia y la iglesia”. Y así fue. Nunca sacrificó la familia por la iglesia, ni a la iglesia por la familia. Cómo tanto mi padre como mi madre lograron ese balance aún no lo sé, solo sé que nos llenaron de amor y nos enseñaron a amar a Dios por sobre todas las cosas. En el ministerio de mis padres recibimos muchos golpes, pero mis padres no desfallecían y nos ayudaban a fijar nuestra mirada en el Señor y no en las circunstancias.
El día del sepelio todas las personas que participaron eran mujeres. Esto lo hicimos para honrar el liderazgo de mi madre, quien se adelantó a su época y logró destacarse como una gran líder de fe inquebrantable, de fortaleza a prueba de todo y de prodigar amor a toda persona con quien tenía contacto. Humilde, sencilla, sin buscar protagonismo, pero sin perder oportunidad para hablar del amor y misericordia de nuestro Señor.
Es por todo esto, y mucho cosas más que no escribo porque no terminaría nunca, que en estos momentos tenemos sentimientos mezclados. Estamos agradecidos con el Señor porque nos permitió tenerla por 85 años. Porque terminó sus días de pie literalmente. Ella caminó desde la cama del hospital hasta el pasillo donde estaba la camilla que la llevaría a la sala de operaciones. Con su mente lúcida, porque tanto a ella como mi a mi papá les preocupaba que en la senilidad, de sus labios que siempre habían glorificado al Señor, salieran palabras que pudieran avergonzar el evangelio. Ambos habían orado al Señor para que cuando llegara el momento de sus partidas todos sus hijos estuvieran juntos y a ambos se les concedió.
Yo, agradezco el Señor que me ha permitido estar con ambos en sus últimas horas. Con mami pasé las últimas 48 horas, dormí dos noches con ella. Hablamos mucho, la preparé para ir a la sala de operaciones. La acompañé hasta la puerta de la sala de operaciones y juntas oramos, nos besamos y nuestras últimas palabras fueron: “El Señor está en control de todo”.
Podría hablar y escribir sobre mis padres por horas y horas. Solía decirles que si tuviera la oportunidad de volver a nacer y escoger a mis padres, los escogería a ellos sin cambiarles nada (en todo caso cambiaría yo). Mi familia y yo hemos sido privilegiados y bendecidos de tener los padres que tuvimos. Sufrimos y lloramos su ausencia, pero agradecemos al Dios todopoderoso que nos bendijera con la vida de nuestros padres.
Les agradezco sus oraciones y palabras de solidaridad. Quiero agradecer particularmente a mi colega Reverendo Heriberto Martínez, Secretario General de la Sociedad Bíblica de Puerto Rico, quien estuvo con nosotros en el hospital y nos acompañó en los servicios fúnebres junto con su familia y con Jossie Rolón. Muchas gracias al Sr. Melvin Rivera, Secretario de área y Benjamín De Hoyos, gerente de producción, quienes también nos acompañaron en esos momentos.
Mis demás colegas, amigas y amigos que no pudieron llegar tengan la seguridad que los sentí a mi lado. Las muestras de apoyo las he sentido de manera real y sincera. Si nos quieren mantener en oración, será realmente apreciado porque ahora es cuando más las necesitamos, no sólo para consuelo, sino también para seguir las pisadas de mis padres y un día reencontrarnos en Gloria. Como dijo el Pastor que dio uno de los mensajes en los servicios fúnebres: “Hoy el cielo se hace aún más interesante”.
Si tienen un momento y quieren conocer un poco más de mi madre y mi familia, pueden ver el resumen gráfico que recoge sus dos grandes pasiones y que preparamos en honor de Alicia Hernández Tirado, mi madre (de la que llevo su nombre Loida Alicia): http://www.youtube.com/watch?v=hnxkoRkhH68&feature=related
Muy agradecida
Loida Alicia Ortiz, orgullosa hija de Alicia Hernández Tirado y Luis Ortiz Romero
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