Que oscura es la oscuridad

Siempre tenía la preocupación o curiosidad de saber qué sentían las personas ciegas. También me preguntaba qué es peor nacer sin visión o quedar ciego después.
Mi análisis era, si alguna vez has visto luego puedes tener punto de referencia cuando alguien te dice es redondo, es rojo, en fin, puedes tener una idea. En cambio, una persona que nunca ha visto, pienso yo, cómo puede imaginarse una forma o color.
Algunas de estas dudas, fueron despajadas con una experiencia que jamás olvidaré. En mi reciente viaje a Paris, Francia, tuvimos una cena en un restaurant operado mayormente por invidentes. Pero, la cena la sirven en un salón totalmente oscuro. No puedes ver nada.
Cuando lo anunciaron no podía imaginarme cómo sería eso. Llegamos al restaurant. Nos reciben en un pequeños “lobby” para darnos las instrucciones y una bebida (jugo) refrescante de bienvenida.
La primera regla: la comida que te servirán es sorpresa. Ahí preguntan si alguien es alérgico a alguna comida o ingrediente.
Segunda regla: Deben dejar los efectos personales en “locker”, incluyendo cámaras y celulares.
Tercera regla: Sostener la bebida que dieron de bienvenida en la mano derecha.
Cuarta regla: Una sola fila, línea para entrar al restaurant.
Quinta regla: La mano izquierda sobre el hombro de la persona que está al frente de ti.
Comienza el camino por el pasillo completamente oscuro para llegar a las mesas. Un mesero va guiando al grupo. No es fácil confiar en una persona que no conoces, que no habla tu idioma y en plena oscuridad.
Llegamos a las mesas. Pensé que después de unos minutos me acostumbraría a la oscuridad y podría “ver” o identificar algo, pero no. No podía ver ni siquiera mi mano. Podía tener los ojos abiertos o cerrados, era lo mismo.
El grupo era de 21 personas de diferentes países, que nos vemos una vez al año. Tratábamos de identificar las voces, pero tuvimos que preguntar quién eres. Volvimos a presentarnos y ubicar dónde estaba cada quien, a la derecha, a la izquierda, al frente.
El mesero iba trayendo poco a poco la comida. “Estoy colocando la canasta de pan en el centro de la mesa. Tienen en frente de ustedes la servilleta, un tenedor, un cuchillo y dos vasos”. De inmediato con el tacto tratamos de identificar cada elemento.
Luego trajeron las botellas de agua. Interesante. Cómo servirse el agua. Dependes de las personas que están a tu lado. Tomas la botella y tienes que ingeniártelas para no derramar el agua porque no ves cuándo se llena el vaso. Qué hacer. Colocar la mano o un dedo que te permita sentir el nivel de agua.
Fueron llevando los platos. Tienes que hacer contacto con tu mano y la del mesero para saber dónde está el plato. Luego comer, es una aventura. Tratas de colocar la comida en el tenedor y cuando te lo llevabas a la boca te dabas cuenta que estaba vacío. La otra aventura era tratar de identificar el olor, textura y sabor qué estábamos comiendo.
Así fueron llegando los platos: la entrada, plato principal, postre. El café o té no se sirve en la oscuridad por ser bebidas calientes.
Mientras todo esto ocurría, yo, que soy tan conversadora estaba callada. Sólo pensaba y analizaba. En un momento determinado hasta sientes cierto temor. Comienzas tratando de hablar como lo haces normalmente, luego comienzas a acercarte mucho más la persona con quien estás hablando. Obviamente, tienes que tocar para recibir lo que te están pasando. Las reglas de comunicación cambian y el vocabulario también. Un colega decía “looks like” y otro corregía “se siente”. Otra persona se preguntaba “por qué tengo los lentes (espejuelos) puestos, no son necesarios.
Constantemente, decimos nosotros los latinos somos más efectivos cuando tenemos una comunicación “face to face” (cara a cara), pero ahí todo cambió.
Tienes que confiar en la persona que te llevó hasta la mesa, tienes que confiar que te están sirviendo es algo bueno, tienes que confiar que los platos y los vasos están limpios. En fin, tantas cosas. Pero lo más terrible para mi fue constatar lo oscuro que es la oscuridad.
Es impactante. Como cristianos todo el tiempo hablamos de salir de las “tinieblas a la luz”. Hasta con el lenguaje bíblico vamos dejando fuera a esta segmento de nuestra audiencia que tanto necesita la Palabra de Dios.
Pensaba, creemos en Dios y nunca lo hemos visto. Pero, allí al privarnos de la vista, nos sentíamos vulnerables y hasta un poco atemorizados. De inmediato comienza uno a buscar algún pasaje bíblico y ahí te llega:
Puedo cruzar lugares peligrosos
y no tener miedo de nada,
porque tú eres mi pastor
y siempre estás a mi lado;
me guías por el buen camino
y me llenas de confianza (Salmo 23.4 TLA).
Este año es el aniversario del nacimiento de Louis Braille (1809), el padre de la escritura braille. Eso fue lo que hizo dar “LUZ” a los ciegos. No como nosotros la conocemos, pero LUZ al entendimiento, conocimiento.
Nosotros no olvidemos entregar la Palabra en braille y en otros formatos, como el audio, para nuestros hermanso también tengan ese consuelo. 
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