
14 «¡Gloria a Dios en el cielo,
y paz en la tierra
para todos los que Dios ama!»
Después de que los *sabios regresaron a su país, un *ángel de Dios se apareció a José en un sueño y le dijo: «Levántate. Escapa con el niño y su madre a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». (Mt 2.13)
Estos versículos son muy conocidos y acorde con esta época que estamos celebrando. Y por seguro que los habrán escuchado bastante en estos días. Por radio, TV, en las postales de saludos navideños, en canciones (seculares y cristianas).
En esos versículos hacían un anuncio que indicaba:
“UN REY HA NACIDO”.
Pero no era un simple anuncio. Había regocijo en el cielo, pero también había una orden implícita ahí: “PAZ EN LA TIERRA”.
SIGNIFICADO DE PAZ
PAZ EN EL AT, Básicamente, Paz, significa “completo”, “solidez”, “bienestar”. Se lo utiliza cuando se pide o se ora por el bienestar de otro (Gn. 43.27; Ex. 4.18; Jue. 19.20), cuando uno se encuentra en armonía o concordia con otro (Jos. 9.15; 1 R. 5.12), cuando se busca el bien de una ciudad o país (Sal. 122.6; Jer. 29.7). Puede significar prosperidad material (Sal. 73.3), o seguridad física (Sal. 4.8). Pero también puede significar bienestar espiritual. Es la paz que se relaciona con la justicia y la verdad, pero no con la maldad (Sal. 85.10; Is. 48.18, 22; 57.19–21).
A causa del caos en que se encuentra el mundo por el pecado del hombre, y debido a que la paz viene solamente como don de Dios, la esperanza mesiánica se refería a una era de paz (Is. 2.2–4; 11.1–9; Hag. 2.7–9), o a la llegada del Príncipe de paz (Is. 9.6s; cf. Jer. 33.15s; Ez. 34.23ss; Mi. 5.5; Zac. 9.9s).
En el NT tiene el contenido pleno de paz casi siempre tiene connotación espiritual. La amplitud de su significado resulta especialmente aparente por su relación con palabras clave, tales como: gracia (Ro. 1.7, etc.), vida (Ro. 8.6), justicia (Ro. 14.17), y por su uso en bendiciones como 1 Ts. 5.23
(Tomado de artículo Al enemigo hay que matarlo, Plutarco Bonilla).
Y eso es el evangelio; más aún: es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
PAZ EN LA TIERRA… Esa parte del versículo parece haber quedado olvidado en la historia. Hoy, en nombre de la paz solo se habla de guerra. Vivimos inmersos en una cultura de muerte.
En mi labor en las Sociedades Bíblicas Unidas me ha tocado viajar buena parte del mundo. He recorrido toda América Latina y otros países a nivel mundial y me he podido percatar de las grandes diferencias en las clases sociales, de los inmensos problemas sociales, de situaciones a veces inimaginables:
• Brasil – niños de la calle acribillados como solución para reducir el número de ellos.
• México – los mini secuestros o secuestros express
• Tailandia – la prostitución infantil (niñas vendidas para ser prostituidas como única forma de “sostén” para la familia).
• Paraguay – una niña pidiendo para alimentar a sus hermanos. Unos máximo diez años. Partiendo el pedazo de pan y de carne para rendirlo para todos.
• Washington – el francotirador
• Columbine – el tiroteo de estudiantes que mataron a otros estudiantes. Littleton el pueblo donde existe una de las fábricas de fabricación de misiles. Un banco que ofrecía un rifle, un arma a quien abriera una nueva cuenta. El ejecutivo de la fábrica condena lo ocurrido en la escuela, pero justifica la guerra porque son nuestros “enemigos”.
• Puerto Rico – el estudiante que mató a su maestro. Y todo lo que vemos en los periódicos y las noticias.
Para muchos la vida no vale un estornudo. En nombre de supuestos valores democráticos y de la paz que dicen estar defendiendo, se asesina a la democracia.
Echemos una mirada panorámica a la situación mundial. Tenemos una población mundial que aumenta 1.5 millones semanalmente, 6.6 cada mes, 79 millones al año. Y, ¿qué ocurre con esa población?:
• En muchos lugares los niños mayores de 5 años ya NO son el principal objeto de los servicios de salud, porque se considera que su supervivencia está relativamente asegurada.
• Naciones Unidas calcula que hay 404 millones de adolescentes (menores de 18 años) que no asisten a la escuela.
• UNICEF calcula que cerca de 100 millones trabajan en la calle: recogida de basura, venta de pequeños objetos, estacionamiento, lavado de autos, limpieza de zapatos, o sencillamente pidiendo limosna.
• En América Latina, 40 millones de menores viven en las calles.
• 16 mil menores son víctimas de la explotación sexual.
• Dos millones de niñas cada año son incorporadas al mercado de las relaciones sexuales comerciales.
• 60 millones de niñas “desaparecen” como resultado del descuido o de los abortos selectivos por sexo. Como el caso de China (Tienen que pedir permiso para tener un segundo hijo. Por eso, prefieren que sea varón. Si les confirman que el bebé es una niña, prefieren abortar. Una familia que no obtenga permiso del gobierno para el segundo hijo no lo puede registrar, por lo tanto ese niño no existe, no tiene derecho a educación, cuidado de salud, etc.)
• Más 500 millones de mujeres pierden la vida anualmente (una cada minuto) por causas relacionadas con el embarazo.
• 10 millones de niños huérfanos por causa del SIDA. Un millón estará en América Latina.
• Miles de niños víctimas de la guerra o involucrados en ella. Niños que aún no alcanzan la adolescencia, pero ya portan un arma.
Mientras tanto, los países industralizados, las superportencias derrochan cantidades de recursos, humanos y financieros, en la fabricación de instrumentos de destrucción del prójimo, dentro y fuera de sus propias fronteras. ¿Podemos hablar de paz?
¿Es posible encontrar la PAZ haciendo la guerra? Es lo que han hecho hasta ahora los poderosos de la tierra. Reconozcamos que jamás podemos aceptar que sea el camino cristiano.
Ese es el camino de quien quiere solucionar el problema de la muerte matando; o sea, haciendo más agudo el problema y acumulando sobre actos atroces, actos que lo son todavía más. Una solución que no soluciona nada. A nosotros nos toca de cerca la situación de la guerra de Irak. Han muerto más soldados en esta guerra que en la guerra del Golfo. Y han muerto más soldados desde que el Presidente declaró que la guerra había terminado. Actos violentos mermando las filas. Y no se habla mucho de los suicidios que los mismos soldados están cometiendo porque no aguantan la situación.
¿Podemos encontrar la PAZ de esta manera?
¿Qué nos impide lograr la PAZ?
Veamos lo que nos dice LUCAS 19.39
41 Cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y vio la ciudad, lloró 42 y dijo:
«¡Habitantes de Jerusalén! ¡Cómo me gustaría que hoy ustedes pudieran entender lo que significa vivir en paz! Pero no, ustedes son incapaces de comprenderlo. 43 Llegará el momento en que sus enemigos vendrán y harán rampas alrededor de la ciudad para atacarla por todos lados. 44 La destruirán por completo y no dejarán en pie una sola pared. Todos ustedes morirán, y sufrirán todo esto, porque no quisieron reconocer que Dios me envió a *salvarlos».
EN HECHOS 10.366
Este es el mismo mensaje que Dios enseñó a los israelitas cuando envió a Jesús, el Mesías y Señor que manda sobre todos; para que por medio de él todos vivan en PAZ con Dios.
Hagan todo lo posible por vivir en paz, para que no pierdan la unidad que el Espíritu les dio.
15 Compartan la buena noticia de la paz; ¡estén siempre listos a anunciarla!
PERO, los grandes líderes no han podido encontrar la PAZ aún. Y es muy curioso porque en Juan 14.27, el Señor dijo: “Les doy la paz. Pero no una paz como la que se desea en el mundo; lo que les doy es mi propia paz”.
¿Se ha preguntado por qué los líderes no encuentran la PAZ? Tal vez porque la sociedad no la ha encontrado. ¿Por qué la sociedad no la ha encontrado? Tal vez porque la familia tampoco la ha encontrado. ¿Por qué la familia no la ha encontrado? Es muy sencillo. Porque el individuo tampoco la ha podido conseguir.
La fórmula es muy sencilla: Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo (Fil 4.7).
Si usted y yo somos de Cristo debemos hacer lo que nos indica el Señor en Filipenses 4.9: Practiquen todas las enseñanzas que les he dado; hagan todo lo que me vieron hacer y me oyeron decir. Y Dios, que nos da su paz, estará con ustedes siempre (Fil 4.9).
Es la PAZ de Cristo la que debe gobernar nuestros corazones. Corazones agradecidos. Traten al pastor, a su familia, al hermano, a la hermana, al vecino, al esposo, a la esposa, al padre, a la madre, con respeto y amor por todo lo que hacen, y vivan en paz los unos con los otros.
No es con la envidia por lo que aquél o aquella tiene. Por la casa que se compró, el vestido, las joyas, el carro. No es con orgullo, no es maldiciendo, no es criticando, no es llevando y trayendo chismes que lograremos que el Rey nazca y viva en cada uno de nosotros.
Volvamos al segundo versículo con el que iniciamos esta reflexión: Después de que los sabios regresaron a su país, un ángel de Dios se apareció a José en un sueño y le dijo: «Levántate. Escapa con el niño y su madre a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». (Mt 2.13). ¿Cuál será el Herodes que llevamos dentro, que nos persigue y nos roba la bendición? Que nos impide desarrollar una relación íntima con nuestro Señor. Que nos quita la mirada del foco principal que es Cristo. Que opaca la estrella que debe guiarnos y nos desvía del camino correcto.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
En 1 Timoteo 2.2 nos dice: Recomiendo que se ore por los gobernantes y por todas las autoridades, para que podamos vivir en paz y tranquilos, honrando a Dios y llevándonos bien con los demás.
Esto nos indica que el primer paso lo tenemos que dar cada uno de nosotros individualmente. Y no es una recomendación. Es un mandato. Tanto así, que se nos advierte: Traten de vivir en paz con todos y de obedecer a Dios, porque si no lo hacen, jamás lo verán cara a cara (Hebreos 12.14).
En cambio, los que tienen la sabiduría que viene de Dios, no hacen lo malo sino que buscan la paz, son obedientes y amables con los demás; se compadecen de los que sufren, y siempre hacen lo bueno. Tratan a todos de la misma manera, y son verdaderos cristianos.
“A los que buscan la paz entre las personas, Dios los premiará con paz y justicia” (SANTIAGO 3.17-18).
¡QUÉ HERMOSO!
La PAZ entre los hombres es parte del propósito por el cual murió Cristo (pero no quiero adelantarme a la época de la crucifixión).
Modelemos a Jesucristo. Que en esta Navidad y en el nuevo año que está por comenzar, después de sacar el Herodes que nos entorpece, podamos decir:
“Un rey ha nacido en mi corazón”.
Y que los ángeles puedan proclamar:
“Gloria a Dios en las alturas y PAZ en la tierra a los hombres y mujeres de buena voluntad”.
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